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domingo, 20 de mayo de 2007

Sin crisis, con crecimiento mediocre

Columna de Fernando Zavala en Peru 21

Una reciente investigación del economista Sebastián Edwards titulada Crisis y Crecimiento muestra cómo América Latina ha perdido 16% de su PBI en los últimos 25 años debido a las diferentes crisis que ha enfrentado. Sin embargo, también señala que es muy difícil que los países de la región sufran este tipo de crisis en los próximos 15 años. La parte preocupante del estudio es que tampoco se ven posibilidades de crecimiento importante en el futuro, salvo que se realicen reformas profundas en los países. No habrá mayores crisis porque los países han avanzado en controlar los desequilibrios económicos y han mejorado su grado de apertura comercial. No obstante, no se ha avanzado en las reformas institucionales, las ligadas a educación y a la promoción de la inversión privada que, finalmente, son las políticas que te hacen crecer por encima del promedio del resto de los países. En el caso peruano, no debemos perder el paso y dejar que temas coyunturales nos paralicen o nos distraigan de los temas importantes. Sigamos avanzando y terminemos la reforma educativa, iniciemos la reforma laboral, mejoremos la infraestructura y promovamos la inversión privada a paso acelerado.

martes, 3 de abril de 2007

Crecimiento económico: ¿en piloto automático?

Columna de Claudia Cooper en Gestión

No cabe duda que estamos dentro de un círculo virtuoso. El crecimiento en el Perú fue en el 2006 en tercero más alto de la región después de Argentina y Venezuela, lo que en realidad constituye un primer lugar dado lo artificial de la expansión en éstos dos países, donde se crece producto de los exponenciales impulsos monetarios y fiscales cuyo daño viene siendo cada vez más difícil de ocultar: alta inflación en un contexto de cada vez menos efectivos controles de precios. Sin embargo, a pesar de encontrarnos en la cumbre de un optimismo enmarcado en un ciclo económico global sin precedentes, hay que destacar la clara desaceleración de EEUU y aunque a ésta parece oponérsele una sobre la economía china de mayor claridad, riesgos como la real influencia de las variables financieras en los precios de los commodities, están aún presentes. En segundo lugar y mirando más cerca a nuestros vecinos con economías de mercado, como Chile y Colombia, observamos un crecimiento que viene presentando cuellos de botella reflejados en una creciente inflación y en políticas monetarias que inician ya su periodo contractivo. Así, mientras los Bancos Centrales de Chile y Colombia incrementaron sus tasas de interés en 3% y 2.25% respectivamente, en el Perú el incremento fue de 1.5% entre diciembre del 2005 y mayo del 2006 y se trató más que de un mecanismo para frenar la inflación ante el crecimiento de la demanda interna, de uno para anclar las expectativas devaluatorias que traía la incertidumbre electoral. Cabe pues preguntarse, ¿Qué particularidades tan favorables afectan al Perú que podemos seguir indefinidamente creciendo a esas tasas, superiores a la de nuestros pares o similares a las asiáticas, sin que exista ningún cuello de botella, sin inflación y con bajísimas tasas de interés?
La presencia de las aún tímidas reformas aplicadas en el Perú y que contrastan con los agresivos cambios en los países asiáticos y Chile en la década anterior, nos deberían hacer reflexionar sobre nuestras reales posibilidades de desarrollo. Así en los exitosos casos de crecimiento encontramos claras apuestas de política económica: (i) agresiva apertura comercial, (ii) clara apuesta en la flexibilidad laboral, especialmente en Asia y (iii) tajante apertura y profundización del mercado de capitales, sobre todo en Chile. En este marco, el sentido común diría que por lo menos deberíamos ahondar un poco en la explicación de este fenómeno expansivo y no asumir que por alguna razón de la Providencia seremos el próximo Chile o más optimistamente aún que nos estamos convirtiendo en China. Uno de los argumentos más utilizados a favor de la aceleración sostenida sin inflación es que la inversión y la productividad en el Perú vienen creciendo. Si bien esto es cierto, hay que destacar también que este fenómeno está también presente, y con mayor ímpetu, en nuestros países vecinos. Así, en el 2006, la inversión extranjera hacia Chile y Colombia bordaría los $ 7,000 y 6,000 millones respectivamente, mientras que el Perú ésta sólo habría alcanzado los $ 3,400 millones. En el periodo 2004 y 2005 la figura es similar, siendo la inversión extranjera en el Perú un 25% de la colombiana y la chilena. En cuanto a la inversión privada interna, el Perú muestra cifras de crecimiento promedio en el último ciclo expansivo (2002-06) de aproximadamente 10% promedio anual, tasa similar a la chilena pero muy inferior al 20% colombiano. Es claro el que hay bases para un merecido optimismo; sin embargo, para que éste sea sostenible no basta seguir la ola internacional y a la cada vez más aparente euforia en la confianza local, ya que la primera entró en una clara desaceleración y la segunda ha demostrado alta volatilidad. ¿Es pues razonable pronosticar que seremos el próximo Chile? Si comparamos las cifras macroeconómicas peruanas con las de nuestro vecino del sur a inicios de los 90s, la respuesta parece afirmativa. Sin embargo hay importantes diferencias: el grado de desarrollo educativo, político y jurídico era mucho mayor en el Chile de la década pasada de lo que es el Perú hoy día y lo mismo ocurre con la informalidad. Así, sería actuar con demasiada complacencia, creer que en la carrera hacia el primer lugar de “éxito” en América del Sur está sólo el Perú, ya que si bien nuestras logros macroeconómicos son claros, en lo referente al desarrollo institucional estamos rezagados, aspectos a los que la inversión claramente es sensible como lo demuestran las cifras presentadas. En este sentido, si bien las últimas medidas tributarias han apuntado claramente en la dirección correcta, la apuesta por la inversión ha sido tímida. La reforma tributaria Colombiana se la jugó por la atracción de capitales, dirección que no estuvo exenta de un fuerte costo político, que implicó importantes reveses en el Congreso y finalmente terminó en la salida del Ministro de Economía. Así, se bajó el impuesto a la renta para los capitales y se mejoró la exención a la inversión. Sus críticos adujeron inconsistencia e inequidad. Inconsistencia porque es necesario que disminuya la tasa del IVA y que no aumente y equidad, porque ésta carecería de una estructura más justa para las clases menos favorecidas. No es pues gratis la alta apuesta por Colombia y Chile hacia la inversión. Finalmente, cabe destacar que a la baja inflación en el Perú vienen aportando factores que inciden negativamente en la inversión, especialmente la ligada a la infraestructura y servicios públicos. Así, en el Perú parece haber cierto sesgo hacia el control de tarifas, reflejadas en la caída de 1.5% en el componente de la inflación ligado a tarifas de energía y telecomunicaciones. Otra prueba de que la demanda viene creciendo más que la oferta en el estratégico sector energético es que mientras las tarifas no reguladas han aumentado 7% en el último año, las reguladas han caído en 5%. En el sector transportes las políticas parecen también destinadas a generar nuevos cuellos de botella. La reducción de frecuencias internacionales a Lan Chile, empresa con claro éxito en al abastecimiento aerocomercial, probablemente incidirán en una presión al alza en las tarifas, lo que luego incentivará a nuestro Estado a “regularlas”, iniciándose así en círculo vicioso de regulación-desabastecimiento-regulación. En este estado de cosas, donde en el Perú seguimos creyendo que el éxito llega a bajo costo ¿no estamos haciendo cada día más difícil las inversiones necesarias para garantizar un adecuado abastecimiento de servicios públicos, especialmente si queremos continuar creciendo a más de 7%, y sin inflación? ¿Como vamos a alcanzar a Chile y Colombia con mayor impuesto a la renta, menores tarifas públicas y mayor deterioro en el ambiente de inversión?

viernes, 23 de febrero de 2007

Ocho por ciento: ¿Carnaval peruano?

Columna de Eduardo Morón en El Comercio

Como señalé meses atrás lo más sorprendente del crecimiento del año pasado no va a ser el 8% registrado por el INEI, sino que el Perú finalmente pasa a tener un nivel de PBI por habitante mayor al record anterior de 1975. Así es. Aunque parezca mentira al Perú le ha tomado 30 años regresar a donde estaba en términos de crecimiento. No voy a dudar del 8.03% que ha publicado el INEI pues no vale la pena, seguro que en el camino lo revisarán cuando convenga. Frente a la impresionante cifra que marca el mayor crecimiento en los últimos 11 años surgen varias inquietudes.

La primera y más obvia es que pedimos que levante la mano quién tuvo la culpa de esto. Somos una pequeña economía abierta al mundo y como tal nuestro crecimiento está determinado -en buena medida- por cómo le va al mundo. La última vez que hice números encontré que alrededor de dos tercios de nuestro crecimiento está explicado por factores externos. Sólo un tercio es fruto de lo que se hace y decide aquí. Los términos de intercambio es un indicador clave que mide cuanto más nos pagan por lo que vendemos neto de cuanto más tenemos que pagar por lo que compramos. Este indicador subió el año pasado en más de 25 por ciento y en más de 40 por ciento en los últimos 3 años. Pero podemos nombrar a Susy Díaz o a Ben Bernanke en el MEF y ese indicador no se moverá ni un centímetro, no depende para nada de lo que hagamos o decidamos localmente.

La segunda es una pregunta para ustedes. ¿Qué tienen de parecido Estonia, Argentina, Latvia, Venezuela, India, China con el Perú? La respuesta es que todas estas economías crecieron más del 8% el 2006. La tercera es más complicada: ¿Y en qué no se parece Perú con esta lista de países? La respuesta es que todos los otros países también crecieron a más de 8% en el 2004 y el 2005, mientras que el Perú no. Es más, si uno mira lo que están haciendo cada uno de estos países va a encontrar enormes diferencias. No es el caso que todos son países que se están beneficiando de un boom de metales, o que todos acaban de hacer profundas reformas.

Mi intención no es aguar el carnaval local del 8 por ciento, el que sienta que hay razones para celebrar que celebre. Sencillamente a veces nos miramos demasiado al ombligo y creemos que los peruanos somos los únicos iluminados o los únicos desafortunados. Lo cierto es que el Perú vive un momento muy favorable por razones fundamentalmente no decididas por nuestras autoridades. Es más, nuestras autoridades parecen empeñadas a creer que el boom seguirá mucho tiempo más y por lo tanto no hay porqué ser tan precavido. Uno de las frases que tengo siempre presente es una del genial escritor Mark Twain. El decía, “cada vez que usted se encuentre del lado de la mayoría es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. Creo que es una frase muy apropiada para estos tiempos de euforia y entusiasmo. Se ha puesto a pensar a partir de qué precio de los minerales las decisiones de inversión privada cambiarán en anticipación de una desaceleración de la economía.

El Perú no debería cometer los mismos errores de antes. Ya hemos tenido recursos extraordinarios y los hemos malgastado. Ya hemos tenido oportunidades y las hemos ignorado. Es importante entender que la prudencia es una virtud que se construye todos los días. Especialmente en los días de abundancia. Es muy difícil en un país con 50 por ciento de familias en situación de pobreza pedir que no se gaste cuando hay recursos. Entendamos que lo que estamos pidiendo es en realidad, evitar reducir nuestra capacidad de gasto para cuando realmente se necesite. Tener una gran proporción de pobres no justifica gastar sin mirar. ¿O usted es de los que creen que el aporte voluntario de los mineros se debería gastar de cualquier manera?

domingo, 11 de febrero de 2007

Desarrollo, empresas y educacion

Columna de Fernando Zavala en Peru 21, Febrero 11, 2007

¿Cuánto nos falta para obtener el grado de inversión? Difícil saber. ¿Y cuánto nos tomará ser un país desarrollado? Aún más difícil de contestar. Aunque para algunos optimistas podemos lograrlo en el bicentenario de la independencia, lo cierto es que estamos lejos. Debemos, sin embargo, saber a dónde vamos: hemos crecido cinco años y recién en 2006 alcanzamos el PBI per capita de 1975. Este año creceremos 7.5% y podemos tener la esperanza de seguir creciendo algunos años más. Para ser un país desarrollado tenemos que expandirnos a estas tasas en los próximos 20 años, fortalecer las instituciones y, especialmente, mejorar el sistema educativo. Esto último significa preparar al capital humano que dirigirá al país en 20 años. En los últimos meses, el Gobierno ha avanzado en términos de luchar contra el Sutep y comenzar la evaluación y capacitación de los profesores. Por su parte, esta semana, el sector privado liderado por la Confiep, ha sumado su grano de arena. Se anunció la creación de la Asociación Empresarios por la Educación que, desde el sector privado y con recursos de las empresas, contribuirá a la equidad económica, social y política a través del fortalecimiento de la gestión educativa. Confiamos en que esta iniciativa será socia del sector público y quizá el soporte para no perder la brújula en los próximos 20 años.